“Me inclino ante una opinión de Liszt en música, pero no en pintura. Aparte de que ya estaba chocho y que no recuerdo que haya dicho semejante cosa. Pero no fue usted quien me lo trajo. Ya había cenado yo con él veinte veces en casa de la princesa de Sayn-Wittgenstein”. Marcel Proust. En busca del tiempo perdido. El mundo de Guermantes.
Siempre es buena cualquier excusa para poner en jaque tanto a la Monarquía, como a la República; y si hubiera otra forma de Estado también la pondríamos en duda, pues parece que hemos “ubicado” nuestros razonamientos políticos fuera de la realidad social. Creemos que los “fallos” prácticos en un sistema nos sirven para reivindicar y legitimar el modelo teórico contrario (o al menos distinto) del que existe, creyendo que al pensarlo teóricamente se nos solucionarían todos los males: pero esto no es silogismo, sino es magia.
En nuestro país y en nuestra historia reciente, en los dos últimos siglos, hemos tenido varias formas de Estado, y de ahí han emanado las distintas formas de gobierno: unas veces se ha llamado Monarquía, otras República, otras Dictadura, otras Regencia, otras Alternancia, pero siempre es el mismo esquema: un Estado al que ha de estar sometida la sociedad; el gobierno ha sido, y ha servido como una forma para “controlar” a la sociedad; una sociedad que nunca, en estos dos últimos siglos, ha sido libre ni ha podido manifestar su voluntad como ella quiere. En estos momentos, en los que se llama Alternancia, se le permite tener “partidos políticos”, pero siempre que acaten la “voluntad estatal”, y como un acto “gracioso” de dicho Estado.
En este contexto es igual tener Monarquía que República, pues ambas son formas de ese “Poder” frente al “súbdito” que es la sociedad. Es verdad que los Austria, cuando había Monarquía Absoluta, estaban siempre “rezando”; y que los Borbones andan en otros “gerundios” más privados; pero tanto en la Monarquía absoluta como en esta Monarquía Donosocortesiana, la sociedad no ha contado para nada.
Para los que reivindican la República, hemos de recordar que tanto la primera República como la segunda fueron también de corte “Donosocortesiano”; y así tenemos que D. Niceto, por ejemplo, en vez de un “Monarca Absoluto” era un “Republicano Absoluto”, que tenía como “pasante” al Sr. Azaña para ponerse en contacto con la sociedad española. De la primera Republica no diremos nada pues también acabó como el “rosario de la aurora”, en manos (o en los caballos) de “generales pavías y pavones” que diría Unamuno.
Nosotros creemos y pensamos que los españoles, todos, nacemos libres, sin ningún condicionante; y no se nos ha de valorar en virtud a nuestra “relación”. Los españoles hacemos la sociedad y no al revés, y la hacemos con nuestro esfuerzo, cada uno con el suyo. Así debería ser, y ese esfuerzo debería plasmarse en la sociedad y sus instituciones. Pero no es así, precisamente por ese esquema social que tenemos en el cual las personas no son “libres” sino en cuanto sometidas a esta estructura.
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