“téngase presente que al afirmarse el sexo masculino del Estado se dice al propio tiempo que el sexo femenino corresponde a la Iglesia”. Hans Kelsen. Teoría General del Estado
La verdad es que la lectura de mi admirado Hans Kelsen me lleva no sólo a ahondar en la realidad social sino que me abre la veta de la ironía (socrática) ante realidades sociales que de otra forma vería desde el más negro escepticismo.
Prácticamente desde la imposición del nacional-laicismo, el cual implica la anulación de la propia conciencia y por ello de la propia libertad individual, las relaciones con la Iglesia han sido procelosas; en otros países de nuestro entorno democrático se ha impuesto la secularización, y el respeto (entre ambas instituciones) es mutuo puesto que se afirma lo que aquí, en nuestra España, se niega: la libertad individual. Por supuesto, en dicho entorno democrático ya nadie identifica Estado con gobierno, pero aquí se considera que el Estado lo es todo y el gobierno un apéndice de dicho Estado y del cual emana todo el imperium.
Que las relaciones son tensas a nadie le cabe duda, máxime teniendo en cuenta la cantidad de cuestiones morales y sociales que están sobre el tapete, y como cualquier “matrimonio” mal avenido se dan varios tópicos en dicha relación:
El primer tópico es el del “macho ibérico”: sólo hay que ver lo mucho que alardea nuestro gobierno hablando “bien de su mujer”, aunque previamente la apalee. Piénsese en la futura “ley de libertad religiosa”, en la cual “la mujer ha de quedarse en casa haciendo la comida y las camas, además de barrer y fregar”, pues el “macho” ha de ir a echar la partida al casino después de comer.
Los celos son el segundo tópico que ahora se llama “violencia de género”; por supuesto, el género femenino es la víctima, como en el caso que nos ocupa. Ya han pasado los tiempos de “persecuciones” pero ahora se va contra los símbolos con el objeto de quitarlos para “que otros no los toquen”: ¡o son míos o no son de nadie!, que es lo mismo que decir: ¡la maté porque era mía!
¡Las mujeres tienen la culpa de todo!: si conducen, hay que tener cuidado con ellas; ¡no tienen inteligencia para darse cuenta de las cosas!, y eso hace que originen todos los desaguisados tanto en las casas como en las relaciones sociales; no se puede jugar con ellas porque no entienden las normas de juego; en fin, en este tercer tópico, entran todos los sinsabores que los hombres llevamos encima, cuya causa es, por supuesto, la mujer. Hasta hace poco tiempo se echaba a los curas la culpa de todos los males; hoy se sigue pensando que la Iglesia tiene el inmenso poderío económico que tuvo en otras épocas.
Por supuesto, puede haber más tópicos “machistas”, y seguro que cada cual los encontrará en su entorno y que además se pueden aplicar a estas “relaciones” de este “matrimonio un tanto mal avenido”.
Pero pasemos ahora a los tópicos feministas que también los hay, pues la “Iberia” no es la tierra sólo de machos, sino de hembras, y si no ahí está Maritornes como muestra del botón.
Frente al macho ibérico se rebela la lucha feminista que reivindica la igualdad de la mujer frente al marido; claro que la suspicacia del marido le lleva a pensar que se va con otros, pero ella sólo reivindica lo que los tiempos exigen: igualdad. No quiere la infidelidad sino ser tratada con respeto: quiere sus ritos y sus tradiciones y no estar con nadie, máxime cuando ella ha sido quien ha levantado la casa y cuidado de los hijos. Si el Estado se va con “otras” (religiones) lo acepta, pero quiere que se sepa que la “casa” ha estado bien cuidada y arreglada mientras ella ha sido la “señora” de la casa.
Otro de los tópicos difíciles de quitar es la “liberalidad” de la mujer, pues todos vemos que se considera que si un hombre se acuesta con varias mujeres es llamado “macho”, y prácticamente se le erige un monumento a su “machismo” y se pone como modelo para las siguientes generaciones; sin embargo, si una mujer se acuesta con varios hombres es considerada como una “puta”; gracias a Dios ya no se la lapida, pero el tópico está ahí. El marido, por tanto, no permite (en la medida de lo posible) que su mujer sea liberal, y es celoso hasta en el pensamiento; la libertad ya la pone él, que para eso es el “gallo del corral” y la mujer “a callar y a cocinar”. La “alianza de civilizaciones” viene a “suplir” esa liberalidad, pues todo el “ser religioso” del hombre lo puede suplir el Estado, que para eso es “el dueño de la casa”.
El último tópico al que hago referencia en este “matrimonio mal avenido”, es al del trabajo de la mujer fuera de la casa (además de trabajar en ella): “¡si quieres trabajar fuera de casa, allá tú, pero has de saber que la cena ha de estar a su hora, cuando llegue de estar con los amigotes!”. Estamos viendo la ingente tarea de los comedores de cáritas, mientras el “marido” dilapida el dinero en el casino con los amigotes del mismo partido o partidos adláteres, a los cuales les ha dado un puesto para no hacer nada o bien en una Diputación o bien en una Delegación del gobierno, o bien en una “embajada fantasma”. Esos “efectos colaterales”, consecuencia de las borracheras del marido, tiene que arreglarlos la mujer, y, en muchas ocasiones, limpiar los vómitos etílicos del marido.
Muchas veces, la mujer preferiría el “divorcio” o la “separación”, pero los celos del marido se lo impiden, pues de esta manera tiene a quién “echarle la bronca” cuando llega a casa, y aunque no la utilice como desahogo, pues se considera superior a ella, sí le sirve para humillarla porque como dice el chiste: “¡cuando llegues a casa, pégale a tu mujer porque algo habrá hecho!”
Supongo que ni la ironía ni el humor servirán para afrontar racionalmente los problemas que están planteados y cuya solución afecta a convicciones profundas del ser humano, pues sigue siendo válido aquello de lo que ya se lamentaba Ortega y Gasset: “En esta tierra, donde sinceramente somos cada uno enemigo de los demás”.
El “Estado-marido” sigue cantando la interpretación popular del himno de Riego: “¡cuando sepan los curas y frailes…!”, en vez de sentase a hablar “con su mujer”.
¡Es el nuevo triunfo del machismo!
Antonio Fidalgo
Secretario de Cultura del CDS