“¡A Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César!” (Mt. 22,21)
Cuando parecía que todo estaba tranquilo en el tema del “poder”, o de la “fundamentación del poder”, parece que hay personas o partidos que quieren romper ese “frágil” equilibrio que, mientras se mantuvo, ha sido muy fructífero para nuestra Europa y nuestra España, y parecen no tener en cuenta que las veces que se ha roto dicho equilibrio ha sido inmensamente trágico.
Desde luego, la política no se basa, ni se debe basar, en ningún juicio de intenciones, pero nos preguntamos a quién beneficia (¡Quid prodest!) esta ruptura y qué consecuencias puede traer para nuestra sociedad.
La política, para nosotros, se ha de basar en la “separación” de los dos poderes: “espiritual y temporal”, sin intromisión de ninguno en el campo o dominio del otro.