Archivado en 30 diciembre 2010

Proterva política

30 diciembre, 2010

“Nosotros –dijo señalando a su amigo que junto a él se sentaba- estamos decididos a no asociar nuestro nombre a los errores que se están cometiendo. Amamos a la Libertad con delirio;…  Antes que empujar a la Nación por este carril que la precipitará en el abismo … No se nos oculta que el absolutismo volverá, y quizás pronto, si a tiempo no se pone mano en reparar el Reino que se desquicia; y el absolutismo vendrá, porque las instituciones vigentes no ofrecen condiciones … y son incapaces de fundar nada sólido”. Galdós. El Grande Oriente.

No todo está perdido en España. Y, sin duda, lo que no está perdido son la mayoría de los españoles que aún no han perdido su bonhomía ni su capacidad de analizar las cosas, incluida su propia pobreza. ¡Es difícil ver una sociedad con más aguante que la española!: observar la urdimbre trágica en la que se mueven millones de españoles: parados que cobran muy poco; trabajadores “mileuristas”; jubilados cuya jubilación decrece; pequeños empresarios incapaces de “emprender” nada y sometidos a subvenciones; funcionarios cuyos sueldos están congelados; y un largo etcétera cuyo dolor se vive en la intimidad del hogar de cada uno.

Aun así, los españoles somos capaces de distinguir el “bien del mal”, que es uno de los signos de la “inteligencia humana”; los españoles vemos que la situación es consecuencia de la clase política, la que nunca está en crisis debido a cómo se ha estructurado, paradójicamente, la sociedad: en un momento de crisis, los únicos que no son solidarios son, precisamente, los políticos que, además son los causantes de la situación de crisis en que vivimos. Cualquier empresa puede entrar en crisis, o cualquier obrero puede ir al paro; pero el político, que no sabe nada ni ha estudiado nada, sube los impuestos para que su “puesto” no peligre y se mantenga con el “chollo”. Esta insolidaridad es vista por la mayoría de la población como “mala” y, sin duda, moralmente, lo es.

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“Situación excepcional”

14 diciembre, 2010

“Si la Constitución del Estado es democrática, puede llamarse dictadura a toda violación de principios democráticos que tenga lugar por vía de excepción, a todo ejercicio de la dominación estatal que prescinda del asentimiento de la mayoría de los gobernados. Si se establece como ideal político de validez general, es dictadura todo Estado que no respete estos principios democráticos. Si se adopta como norma el principio liberal de los derechos humanos y de la libertad inalienable, entonces también aparece como dictadura una violación de estos derechos, aun cuando se apoye en la voluntad de la mayoría. La dictadura puede, así, significar una excepción tanto a los principios democráticos cuanto a los principios liberales… por eso al estado de sitio se le llama dictadura.” Carl Smitt. La dictadura.

Mucha tinta ha corrido estos días sobre el “nuevo escenario” en el que se ha abierto el telón y hemos visto “representar” la obra de los “controladores aéreos”. Como toda obra, la “representación” hace referencia a lo representado, aunque en primer plano están los “actores”. Como toda obra tiene su “moraleja”, la cual se trata de transmitir al público. Claro está que ya no se trata, en principio, de ese teatro “provocativo” de después de la segunda guerra mundial en el cual se quería que el público fuera co-protagonista en el desarrollo del drama. Aquí más bien se quiere, por parte de uno de los actores, que el público “vea” la obra sin participar en ella; o a lo máximo, que cuando salimos del salón, “comentemos”, fuera ya de cualquier “dramatismo”, las escenas como si “la cosa no fuera con nosotros”.

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Recuperar las reglas de juego

7 diciembre, 2010

“La sociedad civil es la sede donde se forman, especialmente en los períodos de crisis institucional, los poderes que tienden a obtener su legitimidad incluso en detrimento de los poderes legítimos, donde, en otras palabras, se desarrollan los procesos de deslegitimación y de relegitimación. De aquí la frecuente afirmación de que la solución de una crisis grave que amenaza la sobrevivencia de un sistema político debe buscarse ante todo en la sociedad civil, donde pueden encontrarse fuentes de legitimación, y por tanto nuevos espacios de consenso”. Norberto Bobbio. Estado, gobierno y sociedad.

A veces es bueno pararse a pensar, en medio de la vorágine que nos ha tocado vivir, cuál es el fundamento de nuestra sociedad y dónde se forjó todo. Claro está que para muchos no vivimos en ninguna vorágine y que la tragedia en la que viven millones de nuestros compatriotas no es más que consecuencia de las “reglas” ya escritas por el destino. Por supuesto, quien así habla es porque se cree afortunado dentro de ese mundo.

No hay que volver a ningún “estado mítico” que diera origen y fundara nuestra sociedad; es todo más sencillo, mucho más sencillo. Todo depende de nosotros y somos nosotros quienes “creamos” las reglas de juego. Si jugamos con las “cartas” marcadas, para ganar, sólo queremos legitimar dicha ganancia con un pretendido estado mítico en el cual, por supuesto, nos consideramos “elegidos”; el “para qué” es lo de menos, lo importante es que vivimos a costa de los demás porque “hacemos trampas”.

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