La “representación” del Parlamento: entre la ideología y la voluntad

13 marzo, 2011 por Antonio Fidalgo Dejar una respuesta »

“La acción política se ha de basar no en la aplicación a la realidad social de las distintas ideologías sino en el análisis de las posibles consecuencias de dicha acción: esta es la fuente de la responsabilidad política, de la cual va a nacer el consenso que redunde en el bienestar de nuestro país y en la consecución de la igualdad de todos los españoles.”

 Ponencia del CDS sobre Ideología

Siempre he dicho que nuestro parlamento, y nuestros parlamentos, representan la ideología, y no la voluntad, de los españoles; es decir, que cualquier español a la hora de encontrar la horma de su ideología la encuentra en la “política española”, pero a la hora de solucionar sus problemas tiene que “buscarse la vida”. La voluntad le lleva a luchar por conseguir un objetivo, o buscar, entre las poquísimas instituciones que existen, el camino de sus deseos, de aquello que le gusta. La ideología le lleva a buscar una identificación ideal con alguno de los modelos, también ideales, existentes en el panorama social y que responda a sus “sublimaciones” psicológicas personales.

Imaginemos que a una persona le gusta el arte y en concreto la pintura, pues va a un museo; si le gusta el cine, va a ver una película, etc… pero si le “gusta” una ideología debería poder “debatir” sobre ella con otras personas, o en algún foro; pero el español no lo hace, o al menos se siente “ridículo” hablando de ideología (como de moral, de ética, de religión) y la utiliza para “enfrentarse” con otros en vez de debatir o dialogar. Sin embargo no encuentra ninguna institución en la que ve reflejada su “voluntad”, que deberían ser las instituciones políticas.

La paradoja está en que la ideología no está en un museo, o  en una fábrica, o en una tienda, sino que está en el parlamento; y  del parlamento emanan las leyes, las cuales no surgen de un museo ni de un conservatorio de música o de una fábrica o una tienda. Si las leyes surgieran de un conservatorio, sin duda todos sabríamos música; pero como las leyes emanan del parlamento, las leyes están “bañadas” de ideología, con lo que no sirven como expresión de la voluntad de las personas, sino  como “expresión” de dicha ideología.

Así pues, los españoles en vez de “enfrentarnos” unos a otros en debates, o en la calle, lo que hacemos es “delegar” en los políticos nuestro “enfrentamiento íntimo y psicológico” y permitimos que sean ellos quienes se enfrenten por nosotros: eso es lo que lleva nuestro voto cuando lo echamos en la urna: nuestro “enfrentamiento ideológico”. El supuesto “debate” político no es tal, sino que es una “justificación” para quien vive de “eso”.

La consecuencia es que, en definitiva, la política, que está ideologizada, no sólo no sirve para el debate sino que tampoco sirve para lo que debería servir que es la representación social y solución de los problemas. Al final sólo quedan los partidos, y los políticos que viven de “eso”, para el “enfrentamiento” y, como en toda pelea, sólo quedan los más “fuertes” el resto de personas que quieren y pueden dedicarse a la “política” se va achicando. Las leyes que se hacen están totalmente ideologizadas y no responden  para nada a la realidad de las cosas sino a la ideología, a una ideología no razonada sino muñida en el enfrentamiento y en el resentimiento acumulado durante años y siglos.

La política queda, pues, reducida a un “enfrentamiento” que no soluciona los problemas, puesto que no tiene ese el objetivo. Los problemas se solucionan desde la voluntad y no desde la ideología. En resumidas cuentas, con la política que existe sólo se agrandan los problemas, pues su objetivo no está en solucionarlos sino en “representar” la ideología.

No es muy difícil hacer la diferencia entre ideología y voluntad. En primer lugar nos debemos fijar dónde y cómo nacen: como su nombre indica, la ideología nace de las ideas, que en este caso no remite a la realidad de las cosas, sino a la “configuración” que cada uno se hace de las cosas, una configuración totalmente fantástica y al margen de la realidad tanto de la experiencia como de los hechos. Parece mentira que haya prendido en España semejante perspectiva; quizás sea como “forma” de huir de los problemas que ella misma crea (dicha perspectiva).

La voluntad nace no de las ideas sino de los propios hechos, de la propia entraña, de la propia conciencia, de la propia vida. Como la vida es problemática, y como está en la propia naturaleza del hombre el intentar solucionar los problemas, se intenta remitir a un “cuerpo legislativo” que tendría como función la obligación de solucionar los problemas; previamente, hay que hacer un análisis racional de los problemas y después tratar de “imponer” el criterio de la mayoría: si los hechos demuestran lo contrario, otra mayoría puede desbancar a la mayoría anterior. Pero eso supondría un análisis racional y un interés en solucionar los problemas. Y así, generación tras generación.

Así pues, la ideología nace de la configuración abstracta, y la voluntad de los problemas concretos: tienen puntos de convergencia, pero es importante ver el origen para saber a dónde nos lleva cada perspectiva. Por qué en España ha triunfado la perspectiva de la “representación ideológica” que no sólo no soluciona los problemas sino que los agranda más, es un misterio difícil de explicar. Además, estamos en una situación en que no contemplamos teóricamente la posibilidad de que exista otra forma de hacer política; y menos desde la voluntad.

Quiero hacer la salvedad de que no es lo mismo teoría que ideología: un problema matemático es teórico, y sirve para solucionar problemas prácticos; y el liberalismo o el socialismo son ideologías que han servido para acrecentar más los problemas y no han solucionado ninguno (ni siquiera los problemas económicos de los que viven de dichas ideologías).

Pero no sólo su “origen” es distinto, sino su proceder pues la función de cada uno de los ámbitos es distinto: la ideología sirve para dar una explicación de un ámbito muy concreto de la vida humana, que son las ideas (independientemente de su origen). Su función no es más que una representación nacida o de la teoría o de los impulsos de los hombres, con lo cual se transformarían en psicología. La función de la voluntad tiene más que ver con el hacer, con el tomar decisiones frente a problemas o a situaciones; con el análisis racional que te arropa a la hora de tomar decisiones; con el medir dicho análisis y con el tener en cuenta a los demás con los que se convive.

En España al convertirse la política en ideológica, la cual tiene que ver con la psicología, es una sublimación de los sentimientos soterrados. Los políticos “viven” de esa sublimación, al igual que cualquier profesional vive de su profesión, con la diferencia que en momentos de crisis los profesionales “cierran” su profesión y el político “aumenta” los impuestos de todos los cuales le sirven para justificar su “modus vivendi” que no es más que el “enfrentamiento”.

Es claro que hay que hacer otro “tipo” de política en España que no nazca de la ideología, sino de la voluntad: pues de ahí nace la libertad y de ahí nace el análisis de los problemas reales para afrontar su solución. Esta forma de hacer política no es “redentorista” ni “regeneracionista” ni “iluminada” ni “quiere cambiar el mundo”, pues no nace de la ideología, sino que es lo contrario: toma a la persona como fin en sí misma y por lo tanto todas las estructuras han de gravitar en torno a las personas concretas. Este es nuestro proyecto que está abierto a todos.

Antonio Fidalgo

Secretario de Cultura del CDS

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