Sobre las elecciones autonómicas y municipales

31 mayo, 2011 por Antonio Fidalgo Dejar una respuesta »

“Es fácil creer que se ha dado una respuesta, cuando en realidad lo que se ha querido es no callar. ¿Hay algo más charlatán que la estupidez? San Agustín. De Civitate Dei V, 26

Son ciento cincuenta años de “más de lo mismo” desde que allá en el final del siglo XIX a los señores Cánovas y Sagasta se les ocurriera el sistema de la alternancia como solución a los problemas que aquejaban a la España de entonces; la verdad es que no pensaron en las consecuencias, las cuales no sólo fueron que continuaron con los mismos problemas sino que crearon otros, los cuales a su vez han generado un sin fin de problemas nuevos, que añadidos a los ya existentes han hecho que la España actual se haya convertido en el corral de Europa; y en el corral ya se sabe, sólo se oyen rebuznos y graznidos.

Sin duda, una de las consecuencias de este sistema absurdo es que ha permitido que accedan al poder toda una caterva de personas no preparadas además de moralmente simples, con una simplicidad que les impide ver y percatarse de los problemas y, peor aún, de dar una posible solución a los problemas existentes; claro está que si no los ven no pueden solucionarlos.

Esta es la consecuencia de ese sistema “canovista-sagastiano” que ha hecho que la vulgaridad sea la forma de hacer política en España, y aquella persona que diga la bobada más grande será la que más ascienda en esta escala de vulgaridad, la cual a su vez se ha convertido en una escalada, o en una carrera contra reloj, para ver quién dice la bobada mayor.

Esto ha hecho que muchas personas se abstengan de votar, pues lo mismo da un partido que dos, o los que sean: es el sistema el que ha generado que los más vulgares sean los que asciendan y medren en el propio sistema vulgar que hemos heredado. Tanto los que participan del sistema como los que se abstienen, todos hemos dado por hecho el propio sistema como si fuera imposible cambiarlo: nos hemos hecho fatalistas, postura más religiosa que política, creyendo que al ser así, el sistema, tiene que ser así. Y no es verdad: la sociedad la creamos y la hacemos nosotros mismos; no nos viene impuesta por nada ni por nadie, y menos por la historia o por nuestros antepasados.

Es verdad que debemos respeto a nuestros mayores y a nuestros antepasados, pero el criticar lo que ellos han hecho no es faltarles al respeto: son cosas distintas que además no tienen nada que ver una con la otra. Lo que ellos hicieron, seguro que fue con buena intención, pero sus consecuencias han sido nefastas; y nosotros, que nos consideramos con la madurez moral suficiente podemos decir que las consecuencias de su “creación” son nefastas y no generan ni bienestar ni riqueza ni felicidad.

En este sistema, todos los sectores están a disgusto: sólo están a gusto los mediocres, los que han accedido a un puesto a través de los grandes partidos políticos, es decir, los que no han tenido que esforzarse ni trabajar nunca, sino sólo mostrar obediencia al jefe o a los jefes del partido correspondiente; los demás, digo, estamos a disgusto: obreros, empresarios, funcionarios, católicos, ateos, agnósticos, empresarios, emigrantes, inmigrantes, agricultores, pescadores, transportistas, etc Sólo los que viven “de no trabajar” y que además han generado la inmensa pobreza de este país, sólo esos están a gusto.

Por eso, no han hecho más que ladrar para ver si hociqueando pueden encontrar un puesto en uno de los múltiples ayuntamientos-botín que sirven para recaudar impuestos a los ciudadanos-siervos: enriqueciéndose unos y empobreciéndose los otros. Ahora, después de estas elecciones, los ciudadanos-siervos sólo hemos cambiado de amos, pero no de procedimiento.

El problema va a venir a partir de ahora pues los “pesebres” se acaban y no va a haber “puestos” para todos, y como lo que saben hacer es hociquear, cuando estén fuera de los “pesebres” van a manchar todo de “mierda”. Es verdad que ahora han subido los aplaudidores del otro partido, a los que no se les ha olvidado hociquear, pues una vez que se aprende es difícil olvidarlo y más si “se vive” de eso. Pero el problema está en los españoles de a pie que no hemos encontrado la “horma” de nuestro zapato-representativo y por eso andamos dando tumbos y “aguantamos” todo lo que nos echen; aguantamos vulgaridad tras vulgaridad, y esquilme tras esquilme.

Y todo, como dice San Agustín, aguantando la estupidez del no decir nada: quizás ya se haya convertido en nuestra forma de ser.

 Antonio Fidalgo

Secretario de Cultura del CDS

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