El Estado es algo simbólico, sin poder normativo
(Punto 8 del Decálogo)
Lo bueno de ser un partido pequeño es la buena relación que puede haber entre todos; los dirigentes lo somos porque los militantes nos habéis brindado la confianza, y además una confianza muy directa: nos conocéis, sabéis cómo pensamos y sabéis nuestro quehacer. Esa confianza vale más, si cabe, que una confianza nacida de una asamblea de desconocidos, donde unos dirigentes leen un discurso que les han escrito, y donde son arropados sólo “por ser vos quien sois”.