“Si la Constitución del Estado es democrática, puede llamarse dictadura a toda violación de principios democráticos que tenga lugar por vía de excepción, a todo ejercicio de la dominación estatal que prescinda del asentimiento de la mayoría de los gobernados. Si se establece como ideal político de validez general, es dictadura todo Estado que no respete estos principios democráticos. Si se adopta como norma el principio liberal de los derechos humanos y de la libertad inalienable, entonces también aparece como dictadura una violación de estos derechos, aun cuando se apoye en la voluntad de la mayoría. La dictadura puede, así, significar una excepción tanto a los principios democráticos cuanto a los principios liberales… por eso al estado de sitio se le llama dictadura.” Carl Smitt. La dictadura.
Mucha tinta ha corrido estos días sobre el “nuevo escenario” en el que se ha abierto el telón y hemos visto “representar” la obra de los “controladores aéreos”. Como toda obra, la “representación” hace referencia a lo representado, aunque en primer plano están los “actores”. Como toda obra tiene su “moraleja”, la cual se trata de transmitir al público. Claro está que ya no se trata, en principio, de ese teatro “provocativo” de después de la segunda guerra mundial en el cual se quería que el público fuera co-protagonista en el desarrollo del drama. Aquí más bien se quiere, por parte de uno de los actores, que el público “vea” la obra sin participar en ella; o a lo máximo, que cuando salimos del salón, “comentemos”, fuera ya de cualquier “dramatismo”, las escenas como si “la cosa no fuera con nosotros”.